jueves, 13 de enero de 2011

Jorge Cilley (Jorgito)

Tengo de Jorgito -como todos le decíamos- el mejor de los recuerdos, y guardo por él un cariño muy grande, ya que fue una de las personas junto a la cual compartí en algún momento de mi vida un montón de vivencias que hoy, a la distancia, hacen que se aparezca nítidamente como uno de los personajes inolvidables de mi vida; uno más de la lista de aquellos a los que quiero rescatar del silencio de mis recuerdos para dejar expuestas sus figuras ante quien quisiera verlos, como un homenaje a la amistad que ni los años, ni los vaivenes de la vida, ni la muerte lograrán que caigan en el olvido.

Con Jorgito nos conocimos siendo los dos muy chicos, como jugadores de rugby de las inferiores del Sic, y si bien él era un año menor, cada dos años coincidíamos durante todo un campeonato, jugando en el mismo equipo. Lo recuerdo como un jugador muy aguerrido, siempre agachando la cabeza y -pelota en mano- metiéndose con fuerza hacia adelante.

Su padre había sido un extraordinario jugador argentino -la "Chinche Cilley"-, de aquellos que han hecho brillar el apellido Cilley como un símbolo del rugby en San Isidro, y siguió su escuela. Me acuerdo bien que los sábados a la mañana, al terminar los partidos, la Chinche nos traía a todos -¡ los 15 !!- en su camioneta y nos dejaba junto a la estación, desde donde tomábamos el tren que nos devolvía a nuestras respectivas casas.

Yo un buen día -a raíz de tener que hacer el servicio militar- tuve que dejar de jugar -allá por mis 21- mientras Jorgito siguió jugando muchos años más, razón por la cual durante un largo tiempo dejamos de vernos. Sin embargo, cual no sería mi sorpresa cuando el día que fuí por primera vez a la casa de la familia Grehan, allí me lo encuentro a Jorgito, que era el novio de Mauren, la hija más grande, y nos dimos un gran abrazo.

Después, claro está, tuvimos una vida muy en paralelo y que se prolongó por muchos años, porque los lazos familiares por un lado y la similitud de edades por el otro hicieron que a pesar de tener actividades diferentes, fueran muchísimos los momentos en que compartíamos la vida, a la que se iban paulatínamente integrando también nuestros respectivos hijos.

Me acuerdo bien de la fiesta de su casamiento, porque sus amigos del club "se la tenían jurada" y como realmente estos muchachos eran de armas llevar, Jorgito estaba seriamente preocupado. Finalmente lo saqué de la fiesta en el baul -cerrado- de mi auto, mientras a la novia se la llevaban en otro, para reunirnos al rato en una heladería y de ahí -ya juntos- seguir en el mío hasta el hotel en Buenos Aires, procurando que no nos siguieran -porque habían advertid0 la maniobra-lo que nos obligó a andar muy rápido e inclusive en un momento chocar contra otro auto, aunque sin ninguna consecuencia personal. ¡ Que corrida !!

Tengo también presente las reuniones en las que nos juntabamos a jugar a las cartas, o a algún juego de mesa, o a la famosa "copa" que realmente una vez se nos movió, anunciándose ante nosotros el chofer de un 60 que había sido atropellado por un tren en las cuatro barreras. ¡ Qué susto ! Aun hoy día me pregunto si habrá sido verdad o algún truco a los cuales era muy afín Martín Córdoba.

Profeionalmente Jorgito era un publicitario brillante, realmente destacado y una gran promesa en su medio, sólidamente formado en lo académico y con una gran experiencia adquirida en una de las más prestigiosas agencias de aquel momento como era la de Richard Pueyrredón -Pueyrredón Propaganda-; de allí pasó a otras, también muy reconocidas, es esa especie de lucha por las "cabezas brillantes" que se dá aun hoy en día entre las agencias de publicidad.

Recuerdo alguno de los avisos que entonces tuvieron gran impacto, y que provenían de sus ideas, como aquella del auto en la playa de Peugeot -"Peugeot J´táime"-; o la del nombre que identificó por muchísimos años al noticiero de Canal 13 -"Su ojo en la noticia"- o aquel tan desenfadado y avanzado para su época del "bajame la caña, Carlos" -por la caña Carlos Gardel- y del cual aun hoy en día se suele hablar como muestra del inteligente juego de palabras que se escondía detrás de la insinuante figura de una de las mejores modelos de aquel tiempo.

Tenía así, por delante, una brillante y predeciblemente exitosa carrera en ese medio, pero prefirió vivir una vida diferente, bohemia, en el sur, en el frío, junto al barro, en ese lugar tan propicio para desarrollar ese tipo de proyectos que era el Bolsón de fines de los 70, y para allá marcharon. Los amigos del Sic intentaron retenerlo y por un año más lo lograron, al encomendarle la tarea de escribir la historia del club, pero cuando todos pensábamos que "las tentaciones" económicas, que eran muchas, lograrían hacerlo desistir, se marchó, esta vez en forma definitiva.

Y allá -metido en el medio del campo- probó de sacar adelante un proyecto muy ambicioso, pero en un lugar tan inhóspito que finalmente terminó por minar sus fuerzas y lo obligaron a bajar al pueblo, adonde se instalaron y en donde comenzó a desarrollar otro tipo de actividades, esta vez más acordes o afines con su vocación, como lo fue la edición del periódico -"El Bolsonés"- o su trabajo como conductor en la radio local.

Y así llegó -Jorgito- el 2 de abril de 1983, el día del primer aniversario de la invación a las Malvinas, feriado en todo el país y por ende un día dedicado al ocio y al deporte, actividades que nunca abandonaste y que estabas practicando -con tu querida camiseta del Sic puesta- cuando al caer la tarde pasó la muerte temprana a buscarte, y te llevó consigo.

Yo no pude llegar hasta el Bolsón para acompañarte en el momento de tu partida, ni nunca logré darte mi despedida, cara a cara y frente a frente, como me hubiese gustado, razón por la cual me quedó como algo pendiente el poder llegar a hacerlo algún día, promesa con la que pude cumplir a comienzos del año pasado en que finalmente una mañana llegue hasta el sitio de tu última morada.

Y allí me encontré contigo; con tu firma insertada en una madera junto a la cruz de piedra; y con la única tumba de todo el cementerio que está cubierta totalmente por una impresionante cantidad de plantas de lavanda que desbordaban el sitio y que provenían desde las entrañas más profundas de la tierra que te cubre, que interpreté podría ser -quizás- un mensaje tuyo tendiente a mostrarnos que realmente ese era el lugar en el mundo que elegiste para vivir, y para permanecer en él para siempre.

4 comentarios:

  1. Gracias Rodolfo por tus palabras hacia papá. Se nota el aprecio que le tenías.
    Gabriel

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  2. Lindas palabras a Jorgito. Mi padre Nilo Silvestrone es quien hacia las contratapas de El Bolsones y las fotografías. Es cierto que Jorgito tenia puesta la camiseta del SIC aquel dia en que se tiró al poste para atajar el último tiro libre de ese partido de papi-futbol, en el gimnasio del pueblo. Lo sentimos muchisimo todos sus amigos y los amigos de sus hijos, entre los que me encuentro yo.
    No se si lo omitiste por algun motivo en particular o por desconocimiento, pero en El Bolson, Jorgito fundó el equipo de rugby que hoy en día sigue llamandose del mismo modo: Los Jabalíes. Sus cofundadores fueron otros amigos suyos de Bs As, como Arturo Orzabal (alguna vez Puma), Jaime Benegas y Daddy Gibert. Si queres te mando una foto de ese equipo inicial que alguna vez recibio al SIC en El Bolson. Mi email es asilvestroni@gmail.com

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  3. Aurelio, que emoción!
    Mil gracias!

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    1. Seguís viviendo allí? Me parece que en Misiones

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