viernes, 15 de abril de 2011

Modestino Pizarro Miguens

Me pidió mi sobrino, Modestino (hijo), si podía escribirle algunas anédotas de su padre, jóven, y como a mí también me gustaría poder recordarlo así, joven y jovial, voy a aceptar el convite pero incorporando a ese gran amigo, en realidad un hermano, a este sitio destinado a los personajes inolvidables de mi vida, y en el que sin lugar a dudas, tiene bien ganado un lugar que su estado de salud actual de ninguna manera puede hacernos olvidar.-


Modestino Enrique Agustín Pizarro Miguens también forma parte de esa ya vasta generación de amigos que provenimos del año 1943, aunque es unos meses mayor que yo, lo cual le permitió cursar todos sus estudios un año antes y en colegios diferentes a los míos, de manera que recién le conocí cuando se puso de novio con mi hermana Lía, allá por los 14 ó 15 años de ambos, y desde entonces hemos permanecido cerca, a lo largo de más de cincuenta años, sobre todo en los momentos en que más necesité de un consejo o de una compañía, en que siempre aparecía. totalmente bien dispuesto, aunque luego las distancias no nos permitieran un trato más cotidiano.-


No pertenecíamos a los mismos grupos de amigos, de los que siempre tuvo a montones, no obstante lo cual nuestro cercano parentesco político hacía que indistintamente cada uno de nosotros, eventualmente, tomara contacto con alguno de los amigos del otro. Así pude apreciar el enorme cariño que durante todo este tiempo le han dispensado sus amigos de siempre, esos que él conociera en el colegio, o en una cancha de rugby, o en donde fuese, ya que luego de esos primeros encuentros nos dispensaba a todos su trato cordial, ameno, abierto y sincero, fruto de considerar a la amistad como un valor primordial y permanente, más allá de los avatares por donde pudiera llevarnos la vida.-


Así era -según decían- su padre, también como él Modestino Pizarro Miguens, quien falleciera muy prematuramente, dejándolo en plena adolescencia sin ese referente preferencial que tenemos en la vida los varones, obligándolo a tener que encarar sólo, desde entonces, la toma de todas las decisiones importantes de su vida.....y no lo hizo nada mal. Recuerdo perfectamente bien como se enteró de aquella triste y sorprendente noticia.-


Modestino era un tipo formidable pero, a mi modo de ver las cosas desde la óptica religiosa a la cual por entonces adhería con fervoroso entusiasmo, se estaba perdiendo de participar de ese mundo tan maravilloso que a mí me había tentado y deslumbrado. De tal modo, tras mucha insistencia de mi parte logré que se inscribiera en uno de los Cursillos de la Cristiandad que periódicamente se impartían con singular éxito, a uno de los cuales yo ya había asistido, y hacia allá partió. El día domingo en que finalizaban las jornadas del encuentro, todos los "veteranos" volvíamos al lugar para reunirnos con "los nuevos" y así poder darles una cálida bienvenida, y allí lo encontré, radiante y totalmente transportado, de modo que envueltos en esa alegría contagiosa que tiene la felicidad cuando es completa, regresamos. ¡ Pero que poco le duró !!


Es que al llegar a su casa, en la puerta de entrada le esperaban las desgraciadas noticias sobre el accidente cardio-vascular que poco rato antes padeciera su padre, y allí mismo en el hall de entrada del edificio de la calle French, se puso de rodillas y con los brazos en cruz comenzó a rogarle a Dios por la vida de su padre, mientras nosotros, tremendamente conmovidos, no atinábamos a hacer nada. Mas todo fue en vano y aquella felicidad con la que llegamos al departamento se esfumó repentínamente. Desde aquel aciago día, claro está, nunca más procuré que volviese al seno de una religión que si bien respetó y en la que permitió fueran educados sus tres hijos, sin embargo nunca más practicó, ya que debería sentir que algo importante le habían birlado a escondidas, mientras a él lo distraían.-


Pero busquemos alguna anécdota más alegre. Me acuerdo de una que le ocurrió en la Facultad, al ir a rendir la única materia en la que lo bocharon, porque era un estudiante muy responsable. Resulta que venía hablando de algún tema y se le ocurrió decir algo así como que "ello deja expédito el camino para...", cuando el profesor lo interrumpió: "querrá decir expedito", lo que a Modestino le pareció que sonaba muy feo e insistió "no; no; es expédito"; ya iracundo el profesor, luego de insistir -en vano- frente a la ya abierta rebeldía del alumno, dió por terminado el exámen. Durante mucho tiempo después de este episodio, consideraba que habían sido injustos con él, pero porque seguía insistiendo que se decía "expédito" y no expedito.-


Modestino era tremendamente cabulero, lo cual se puso en práctica durante su carrera, ya que como el primer exámen que rindió le fue bien, quiso repetir en los demás exáctamente todo lo que había hecho tanto en los previos como a posteriori de aquel primer exámen; y así, como rindió esa materia en julio, en pleno invierno, había que verlo en plenos calores de diciembre con el mismo traje oscuro de franela y con chaleco que usara en aquella oportunidad, pero nunca lo cambió.-


Lo mismo ocurría con los festejos, ya que luego de cada exámen venía a cenar a casa ¡ siempre la misma comida !!, a su pedido: ravioles de ricota con salsa de crema al oporto ! Todavía me acuerdo....Es que fueron como cinco años de exámenes. Menos que ese primer día fue un plato rico; ¿que hubiese pasado si tocaban zapallitos o ñoquis de sémola? Creo que nadie lo hubiese acompañado, sunque él sí hubiese seguido con el mismo menú.-


Al cursar un año más que yo, a Modestino lo veía como más grande, ya que uno siempre ve así a los que estan en los cursos superiores a los suyos, aunque en realidad no lo fueran; además trabajaba en Tribunales adonde le habían dado un carnet "impresionante" en el que se indicaba que la Policía tenía que responderle a todo cuanto pudiera llegar a pedirle ¡ qué tal !! Para mí eso fue fantástico porque varias veces tuve que llamarlo, tarde en la noche, para que viniese por nosotros -mi grupo de energúmenos- a alguna Comisaría adonde nos encontrábamos "demorados", por haber hecho alguna tropelía en la calle, y hasta allá se llegaba Modestino y exhibiendo ese "salvoconducto milagroso" lograba ponernos en la calle, lo que luego le retribuíamos con algún "tanque" de cerveza.-


Otra particularidad o distintivo de Modestino de soltero era que tenía auto propio, un Fiat 600 rojo, siempre bastante sucio, que a todos los que debíamos recurrir al préstamo paterno, nos maravillaba. ¡ Que grande !! Recuerdo perfectamente un viaje que hicimos a Miramar, los dos, una vez que a mí me habían puesto esa terrible y dolorosa vacuna previa a ingresar en la colimba que me dejó en un grito y como doblado en dos, razón por la cual tuve que hacer el viaje en el asiento de atras del Fiat para poderme estirar un poco.....y recuerdo la vuelta, en que el Fitito dijo basta en Lezama y allí tuvimos que recalar en un taller, y mientras reparaban el motor fundido nosotros nos fuimos a ver unas carreras cuadreras que se corrían por allí cerca, y por supuesto a apostar, otra "debilidad" que le fascinaba, sobre todo cuando ganaba, lo que ocurría con bastante frecuencia.-


Escribía muy pero muy bien y era muy imaginativo....un verdadero creador. Durante un tiempo, siendo universitarios, nos juntábamos un grupo bastante heterogeneo de estudiantes de distintas carreras con la idea de hacer teatro. Me acuerdo muy bien que quien nos introdujo en ese mundo increíble, fue nada menos que Luis Horacio Agustoni, por entonces estudiante de arquitectura y con el tiempo un reconocido director de teatro, mientras que la persona que escribía los guiones y libretos era Modestino, que se divertía muchísimo imaginando situaciones que luego otros -entre los que me encontraba- procurábamos interpretar.-


En cambio no era nada bueno cantando; más bien nos divertía mucho escucharlo desentonar tanto, pero como le gustaba escribir, más de una vez nos reunimos los dos, él a escribir las letras de canciones a las cuales yo les ponía música y luego las cantaba. Me acuerdo concretamente de una zamba que escribimos para un concurso familiar de esos con los que solíamos entretenernos durante las vacaciones, a las que por supuesto venía con nosotros.-


Hizo una rápida carrera en la justicia penal de instrucción de la Capital, en la cual fue designado Secretario de un Juzgado siendo muy joven; luego Fiscal y un tiempo después Juez, siempre con despacho en el 3er. piso del Palacio de Justicia en donde brillaba con luz propia y adonde algún memorioso actual todavía le recuerda con cariño y respeto. Muchas veces nos contaba, divertido, las distintas alternativas de casos que le tocaba resolver, o bien en otras ocasiones sus relatos se detenían en las situaciones de peligro a las que también solía llevarlo alguna investigación.-


Un buen día abandonó esa promisoria carrera judicial y se vino para "el otro lado del mostrador" -como se dice en nuestra jerga- a probar suerte en la profesión de abogado, que ejerció con notable pasión y la misma esmerada dedicación, ganándose con toda justicia un lugar de privilegio entre los abogados penalistas más reconocidos de Buenos Aires.-


Al márgen de lo profesional, en el trato cotidiano si bien Modestino era más bien parco y silencioso -en general- cuando se ponía a contar anécdotas divertidas ponía todo su talento e histrionismo a disposición del atento auditorio, lo mismo que resultaban muy apasionados sus relatos de otro tipo de situaciones, más delicadas o serias, en las que tomaba partido -franca y abiertamente- por alguna de las posturas, expresando sus pareceres con toda convicción y vehemencia.-


Yo siento por Modestino una gran admiración, y también le estoy muy agradecido porque cada vez que lo busqué -y a lo largo de 50 años fueron muchas veces- siempre lo encontré dispuesto a darme una mano, la que precisamente necesitaba, ya fuera por medio de palabras, algunas líneas o una simple actitud de compañía, lo que ya es mucho.-


Además lo que recuerdo bien era su risa, esas carcajadas tan características con las que rubricaba muchas veces algún relato o explicación, la misma risa hoy hecha una breve sonrisa que escucho -muy de tanto en tanto- si alguna vez toma el teléfono de su casa y responde así, brevemente, al comentario ocasional que pueda hacerle. Es que desde hace un tiempo nuestro querido Modestino se ha como replegado sobre sí mismo para habitar en un mundo que a los demás nos resulta imposible de acceder como para poder recomenzar con un diálogo interrumpido en forma tan abrupta como temprana.-


Existen razones médicas que, con seguridad, lo explicarían mejor, pero para mí no pudo soportar esa seguidilla de sucesivas ausencias definitivas de amigos muy queridos, de esos de toda una vida, que lo fueron golpeando -una y otra vez- en su lado más sensible, el de la amistad, y se replegó a un costado de la cancha, como lo hacía en la de su querido Champa, para dejar que su vida transcurra desde entonces hacia adentro, donde ya nadie más podrá lastimarlo ni hacerle mal.-
















martes, 5 de abril de 2011

Horacio R. Rivarola

En la entrada anterior, al escribir sobre Eduardo Sarno apunte que entre nosotros nos dábamos el trato de "primos", pero sin serlo; en cambio Horacio, además de ser un amigo muy querido, es efectiva y realmente mi primo hermano, de carne y hueso, con el que -por contar con la misma edad- hemos andado juntos por la vida durante nuestros primeros años, y hasta ya entrados bastante en la madurez. ¡ Cuantos recuerdos tengo junto a él !! Sería imposible -entonces- que Horacio Rodolfo José Rivarola, "el Mono", mi querido primo, no tuviera su propio lugar en esta ya abultada galería de personajes inolvidables de mi vida.-

Tambien nacido en el 43, un 8 de julio, tengo recuerdos suyos desde muy chicos, cuando nos juntábamos -o nos juntaban- a pasar largos fines de semana o inclusive vacaciones, tanto en la quinta del Tigre -a la que él venía- como en la de Pacheco -adonde yo me llegaba- para pasarnos todo el tiempo jugando a lo que fuese, feliz -en mi caso- de poder hacerlo entre varones, ya que a diferencia mía, Horacio tuvo cuatro hermanos.-

Guardo, escritos por Horacio, unos muy elocuentes como cariñosos comentarios de lo que representaron para él mis padres, que me hiciera llegar cuando ellos murieron -e inclusive en este blogg cuando escribí sobre mi padre- y en forma semejante yo podría escribir también un montón de cosas sobre Chiquita y Pepe, que es como se los llamaba en la familia, a los suyos. Es que ambos teníamos como dos familias en paralelo, en las que nosotros pasábamos a ser como hermanos mientras que nuestros respectivos padres desempeñaban indistintamente ese rol respecto de nosotros, según cual fuera el lugar en donde momentáneamente nos encontráramos. Y, claro está, eso ha dejado en nosotros huellas imborrables.-

Hemos compartido tantas cosas juntos, Horacio, ¿te acordas?: colegios y travesuras escolares de todo calibre; deportes, tanto el rugby que a partir de la 6ta., año tras año practicamos en las mismas divisiones, a medida que crecíamos, como el automovilismo del que tanto disfrutábamos; muchos y muy buenos amigos, así como las primeras amistades femeninas; diversiones diurnas y nocturnas; borracheras y barras copetineras que frecuentábamos diariamente; los primeros bailes y todos los que luego siguieron -santos y no tanto-; noches de cartas o tardes de cine con películas prohibidas; largas vacaciones junto al mar, tanto en mi casa como en la tuya, que alternábamos sucesivamente entre enero y febrero, para así poder prolongar nuestro "merecido" descanso; y un montón de vivencias más que finalmente se constituyeron en lo que fueron nuestra infancia, adolescencia y primera juventud. que así atrevesamos como si fuesemos hermanos, como muchos nos creían.-

Siempre fuiste una gran persona, y no me refiero solamente al tamaño de tu físico sino al de tu personalidad y carácter, tan sereno como comprensivo y persuasivo, con tus ponderadas reflexiones que contrastaban con mis decisiones siempre tan impulsivas como violentas y que tantas veces contribuiste a atenuar o impedir, haciéndome razonar para modificar conductas que me evitaran luego el tener que responder de sus consecuencias, como un buen hermano mayor, muchas veces la única voz que desde mi bronca o mi impotencia me permitía escuchar.-

Luego la vida nos fue llevando a transitar por caminos diferentes, quizás desde el momento en que estando de novios con quienes serían nuestras primeras esposas, estas no lograron congeniar entre ellas, obligándonos a tener que ir postergando nuestros cada vez menos frecuentes encuentros ya que, lamentablmente, no logramos encontrar la forma de mantenerlos al márgen de ellas.-

Después te radicaste en Bariloche y luego de un tiempo en Asunción del Paraguay, de la mano de una actividad maderera que aun hoy te mantiene ocupado, mientras iban llegando tus hijos y se extinguía -muy tempranamente- tu relación matrimonial, de una manera que siempre me resultó tan incomprensible como injusta, por conocer como conozco tus buenos sentimientos y tu forma de ser.-

Y así pasaron años sin vernos, a lo cual contribuyó sin duda mi traslado al Neuquén, hasta que un buen día la mesa de un casamiento familiar nos v0lvió a encontrar, con la misma alegría de siempre, ambos con nuestras heridas afectivas finalmente restañadas y felices con un reencuentro que entiendo ya será permanente, porque desde entonces nos mantenemos en contacto, en el que nos permite la distancia, sabiendo que basta un solo pensamiento para reconocer -los dos- que estamos cerca aunque no andemos juntos, como lo hacíamos entonces, allá lejos en el tiempo.-

Es que aun estando físicamente distantes, querido Horacio, en cierta forma hemos tenido como vidas en paralelo, nacidas -con toda seguridad- al calor de aquellas múltiples vivencias compartidas durante tantos años, siendo jóvenes, que sólo nosotros dos conocemos muy bien, y que nos marcaron para siempre. Por ello es que si bien es desde hoy que estás en esta galería de recuerdos de los personajes más inolvidables de mi vida, en realidad ya ocupabas -desde siempre- un lugar permanente en mi corazón.