En la entrada anterior, al escribir sobre Eduardo Sarno apunte que entre nosotros nos dábamos el trato de "primos", pero sin serlo; en cambio Horacio, además de ser un amigo muy querido, es efectiva y realmente mi primo hermano, de carne y hueso, con el que -por contar con la misma edad- hemos andado juntos por la vida durante nuestros primeros años, y hasta ya entrados bastante en la madurez. ¡ Cuantos recuerdos tengo junto a él !! Sería imposible -entonces- que Horacio Rodolfo José Rivarola, "el Mono", mi querido primo, no tuviera su propio lugar en esta ya abultada galería de personajes inolvidables de mi vida.-
Tambien nacido en el 43, un 8 de julio, tengo recuerdos suyos desde muy chicos, cuando nos juntábamos -o nos juntaban- a pasar largos fines de semana o inclusive vacaciones, tanto en la quinta del Tigre -a la que él venía- como en la de Pacheco -adonde yo me llegaba- para pasarnos todo el tiempo jugando a lo que fuese, feliz -en mi caso- de poder hacerlo entre varones, ya que a diferencia mía, Horacio tuvo cuatro hermanos.-
Guardo, escritos por Horacio, unos muy elocuentes como cariñosos comentarios de lo que representaron para él mis padres, que me hiciera llegar cuando ellos murieron -e inclusive en este blogg cuando escribí sobre mi padre- y en forma semejante yo podría escribir también un montón de cosas sobre Chiquita y Pepe, que es como se los llamaba en la familia, a los suyos. Es que ambos teníamos como dos familias en paralelo, en las que nosotros pasábamos a ser como hermanos mientras que nuestros respectivos padres desempeñaban indistintamente ese rol respecto de nosotros, según cual fuera el lugar en donde momentáneamente nos encontráramos. Y, claro está, eso ha dejado en nosotros huellas imborrables.-
Hemos compartido tantas cosas juntos, Horacio, ¿te acordas?: colegios y travesuras escolares de todo calibre; deportes, tanto el rugby que a partir de la 6ta., año tras año practicamos en las mismas divisiones, a medida que crecíamos, como el automovilismo del que tanto disfrutábamos; muchos y muy buenos amigos, así como las primeras amistades femeninas; diversiones diurnas y nocturnas; borracheras y barras copetineras que frecuentábamos diariamente; los primeros bailes y todos los que luego siguieron -santos y no tanto-; noches de cartas o tardes de cine con películas prohibidas; largas vacaciones junto al mar, tanto en mi casa como en la tuya, que alternábamos sucesivamente entre enero y febrero, para así poder prolongar nuestro "merecido" descanso; y un montón de vivencias más que finalmente se constituyeron en lo que fueron nuestra infancia, adolescencia y primera juventud. que así atrevesamos como si fuesemos hermanos, como muchos nos creían.-
Siempre fuiste una gran persona, y no me refiero solamente al tamaño de tu físico sino al de tu personalidad y carácter, tan sereno como comprensivo y persuasivo, con tus ponderadas reflexiones que contrastaban con mis decisiones siempre tan impulsivas como violentas y que tantas veces contribuiste a atenuar o impedir, haciéndome razonar para modificar conductas que me evitaran luego el tener que responder de sus consecuencias, como un buen hermano mayor, muchas veces la única voz que desde mi bronca o mi impotencia me permitía escuchar.-
Luego la vida nos fue llevando a transitar por caminos diferentes, quizás desde el momento en que estando de novios con quienes serían nuestras primeras esposas, estas no lograron congeniar entre ellas, obligándonos a tener que ir postergando nuestros cada vez menos frecuentes encuentros ya que, lamentablmente, no logramos encontrar la forma de mantenerlos al márgen de ellas.-
Después te radicaste en Bariloche y luego de un tiempo en Asunción del Paraguay, de la mano de una actividad maderera que aun hoy te mantiene ocupado, mientras iban llegando tus hijos y se extinguía -muy tempranamente- tu relación matrimonial, de una manera que siempre me resultó tan incomprensible como injusta, por conocer como conozco tus buenos sentimientos y tu forma de ser.-
Y así pasaron años sin vernos, a lo cual contribuyó sin duda mi traslado al Neuquén, hasta que un buen día la mesa de un casamiento familiar nos v0lvió a encontrar, con la misma alegría de siempre, ambos con nuestras heridas afectivas finalmente restañadas y felices con un reencuentro que entiendo ya será permanente, porque desde entonces nos mantenemos en contacto, en el que nos permite la distancia, sabiendo que basta un solo pensamiento para reconocer -los dos- que estamos cerca aunque no andemos juntos, como lo hacíamos entonces, allá lejos en el tiempo.-
Es que aun estando físicamente distantes, querido Horacio, en cierta forma hemos tenido como vidas en paralelo, nacidas -con toda seguridad- al calor de aquellas múltiples vivencias compartidas durante tantos años, siendo jóvenes, que sólo nosotros dos conocemos muy bien, y que nos marcaron para siempre. Por ello es que si bien es desde hoy que estás en esta galería de recuerdos de los personajes más inolvidables de mi vida, en realidad ya ocupabas -desde siempre- un lugar permanente en mi corazón.

Al recurrir a los recuerdos uno se da cuenta que hemos tenido una infancia y juventud de la que no podemos quejarnos....después viene lo dificil de la vida, las responsabilidades, los hijos, las mujeres, las idas dedinitivas de los seres queridos....pero la verdad Rodolfo, la hemos pasado bien!
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