Le conocí de grande, a una edad en la que ambos ya casi no necesitábamos tener nuevos amigos. Es que los dos compartíamos la aventura de haber emprendido -tarde- un traslado de trabajo y afectos hacia un lugar lejano del -hasta entonces- habitual.
El acababa de llegar detrás de una actividad petrolera tan propio de nuestra zona y yo comenzando a desarrollar mi actividad profesional luego de haber renunciado al Juzgado. El encuentro -paradójicamente- fue en una despedida. Otro gran amigo y su familia regresaban a la Capital para continuar allá con sus actividades y las de sus hijos.
El acababa de llegar detrás de una actividad petrolera tan propio de nuestra zona y yo comenzando a desarrollar mi actividad profesional luego de haber renunciado al Juzgado. El encuentro -paradójicamente- fue en una despedida. Otro gran amigo y su familia regresaban a la Capital para continuar allá con sus actividades y las de sus hijos.
Esa reunion de tantos amigos, a pesar de lo triste del motivo que la convocaba, fue de una gran alegría, muy ruidoso, muy charlado, muy disfrutado por todos y mucho más cuando apareció la música. No recuerdo como empezaron las canciones pero sí tengo presente que se armaron dos grupos, ambos integrados por hombres y mujeres que, automáticamente comenzamos a competir.
Fernando estaba en el otro grupo, en el cual destacaba, ya que como pude apreciar y disfrutar después, a lo largo de los años, es un apasionado de la música que interpreta extraordinariamente, acompañado siempre de su guitarra y con una voz inconfundible, cálida y serena, a menos que esté "enchufado" con su vena más jocosa para hacernos reir.
Fue a partir de entonces que él y Mercedes -su mujer- se fueron integrando a las distintas actividades y variados programas con los que solíamos entretenernos lo fines de semana, una de las cuales eran los divertidos asados domingueros en la quinta de los Enriquez en Vista Alegre, en donde pudimos comenzar a charlar con más tranquilidad y a conocernos, enhebrando desde ahí una serie de encuentros en los que ambos pudimos irnos enterando un poco más del otro y, consecuentemente, dando lugar al nacimiento de una amistad que se prolongó por más de veinte años.
No creo que por casualidad -porque no creo en ellas- pero lo cierto es que durante todos esos años fuimos coincidiendo ademas en la cercanía de nuestras respectivas casas, de modo que a aquella amistad se le fue añadiendo este condimento de la vecindad que viene a ser algo así como una amistad, pero más casera, hasta que terminamos viviendo a 50 mts uno del otro.
A Fernando lo recuerdo partiendo todas las mañanas muy pero muy temprano, casi siempre de noche en invierno, cuando lo pasaban a buscar para llevarlo al yacimiento lejano desde el cual regresaba tarde en la tarde para poder encontrarse el tiempo de ocuparse de sus cosas, de sus gustos y, paulatinamente, de ese círculo de actividades sociales que día tras día iban dejando detrás suyo como una estela de enorme reconocimiento, que con su característica humildad no se tomaba en serio.
Fernando además, siempre fue un protagonista en todas nuestras reuniones de amigos, ya fuese en antiguos y perdidos en el tiempo "asados culturales" (solo de varones) como en reuniones o cumpleaños multitudinarios, o simplemente cuando un domingo cualquiera se cruzaba a casa para compartir nuestra mesa familiar. En todas esas oportunidades llegaba acompañado de su guitarra y de Mercedes, sus dos compañeras inseparables, para deleitarnos con su música con gran entrega y generosidad, y hasta nos hacía reir cuando en un momento dado se convertía en payaso y nos mataba de risa.
Durante unos cuantos años, además, nos dedicó un tiempo semanal a un grupo de amigos para conformar un coro -que nació un domingo en casa- que dirigió con toda su maestría y enorme paciencia, trabajando en arreglos que pudieran servir para lucirnos, habiendo logrado -a pesar nuestro- resultados maravillosos y hasta alguna salida de gira, como aquella que nos llevó a Caviahue, o la Misa Criolla completa que entonamos varias veces y en lugares muy variados, o esos casamientos a los cuales nos invitaban a cantar y hasta donde llevábamos nuestro repertorio más serio.
Decía más arriba que su entrega a lo social fue también sin medida, ya fuese para enseñar carpintería u otros oficios en las mañanas de los sábados en Caritas Cipolletti; o para visitar a los presos de la cárcel, llevándoles no solo música sino palabras esperanzadoras, procurando que pudieran encontrar una conversión que justificase su obligado encierro.
De más está recordar esa enorme cantidad de viajes a Salta -donde un día ya lejano se produjo su propia conversión- para visitar a su querida Virgen del Rosario, acompañando a grupos para promover esa devoción a su Madre, que sentía casi como una obligación y muestra de un fuerte agradecimiento.
Y así fueron pasando años y años de una vida socialmente fértil, sin decuidar a su familia que, convertida en hijos y nietos, anualmente llegaban en los veranos a visitarle y a quienes les propiciaba su inmenso cariño. En tanto a lo largo se todo ese tiempo, entre nosotros quedo establecida esa muy fuerte amistad que la disparidad de pensamiento en algunas cuestiones no permitieron que se alterara en lo más mínimo.
Pero un dia te fuiste, Fernando, detrás de esa enorme familia que no quiso o no pudo encontrar un lugar aqui cerca tuyo y te dejaban muy solo durante una parte muy larga del año. Allá estarás ahora, feliz de poder volcarte a ellos sin medida, como siempre lo has hecho con todo. Aqui se te extraña, yo te extraño querido amigo, aunque entienda que tu destino tenía que ser el que elegiste. Se -porque esto siempre pasa- que las amistades no se olvidan, adquieren otras modalidades porque se transforman en muy lindos recuerdos que cada tanto uno evoca (¿te acordas cuando con Fer nos fuimos a ......? o ¿ como se llamaba esa canción que a Fernando le gustaba tanto?).
Son esos recuerdos los que desde ahora ocuparan tu espacio fisico y me permitirán tenerte presente como si estuvieses aquí, con tu guitarra, con tus herramientas de buen vecino que nos sacaban de más que un apuro, con nuestros vinitos y demas tragos tantas veces compartidos, con tu actitud generosa y desprendida, con tus cuentos y relatos de tiempos idos, con tus anécdotas tan divertidas. No te has ido, Fernando, los amigos de verdad se quedan para siempre.-

Me dejaste sin palabras queridísimo y entrañable amigo y tambien con un lagrmón. No de tristeza, pero si de profunda emoción, de tenerte como amigo a la distancia y para siempre. Cuando la amistad es profunda, como lo es sin dudas nuestro caso, la distancia no cambka el sentimiento sino que lo peofundiza y revalora. Fui muy feliz compartiendo tan intensamenre todos esos momentos que recordas tan lucidamente y tambien soy muy feliz hoy compartiendo intensamente cada instante con mis hijos, nietos hermanos junto con mi eterna compañera de la vida que es Mer. Abrazo al alma. Fer.
ResponderEliminar